
Guardamos nuestras cosas en cajas y nos asombramos de lo mucho que abultaba y de lo poco que era. Como simepre, lo propio nos avergüenza y lo ajeno nos consuela.l Lo ajeno nos devuelve un reflejo impreciso de nosotros mismos. Una imagen empañada en la que uno puede imaginar lo que no acaba d ver del todo. Un Conney Island de la mente, como decia Ferlinghetti.
Ray Loriga.El hombre que inventó Manhattan
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